Ritual fin de año

Este año ha sido profundamente transformador para mí.
No porque haya sido perfecto, sino porque ha sido real.
La vida me regaló abundancia, no solo en lo material, sino en comprensión.
Me trajo un amor que llegó para ayudarme a cicatrizar heridas antiguas,
no borrando el pasado, sino enseñándome a mirarlo con más ternura.
Fue un año en el que me vi llevada —a veces con suavidad, a veces con firmeza—
a soltar miedos, cargas y viejas estructuras internas
que ya no me permitían expandirme ni habitarme del todo.
Desde ese lugar de gratitud profunda hacia la vida,
nace este ritual.
No como una técnica aprendida,
sino como un gesto íntimo canalizado, dictado por mi alma,
que hoy decido compartir.
Mi deseo es que este ritual no sea solo un regalo que yo ofrezco,
sino un regalo que pueda circular,
pasar de mano en mano,
de corazón en corazón,
para que otros también puedan soltar con conciencia
todo aquello que su alma, la sincronía, el universo o Dios
les permita dejar atrás de este año que se cierra.
Agradezco a la vida,
a mi madre,
y también a mis gatos,
compañeros silenciosos que han sido testigos de cada caída,
cada duda y cada renacimiento.
Nada de esto ha ocurrido en soledad.
Y agradezco, con respeto y cuidado,
a la persona que llegó a mi vida para recordarme
que el amor también puede ser un espacio de reparación.
Comparto este ritual con la intención de mostrar
que no hace falta ser alguien extraordinario,
sino ser constante,
disciplinada,
consciente de lo que se vive, de lo que se siente
y de lo que de verdad se desea.
Cuando una persona común se compromete con su verdad,
la vida responde.
Que este ritual te acompañe
a cerrar el año con conciencia
y a abrir el nuevo ciclo
con la mejor energía posible.